GLOBAL ADMISSION CENTER: CIUDADANOS DEL MUNDO

Desde hace más de cuatro años, Amy Geraghty y Valerie Schram, se dedican a cambiar el futuro de cientos de estudiantes peruanos. A través de su empresa Global Admission Center, los asesoran en todo el proceso de selección y aplicación a distintas universidades del extranjero, dejando de lado el estrés y las dudas de estudiar fuera.

Por: Redacción COSAS

» Conocer una nueva cultura siempre te va a enriquecer. «

Salir del Perú para estudiar en el extranjero es el sueño de muchos estudiantes: conocer nuevas culturas y acceder a una educación variada y de calidad. Sin embargo, dar el primer
paso es complicado debido a las múltiples ofertas que hay en el exterior. Algo que saben muy bien Amy Geraghty y Valerie Schram. Mientras que Amy, estadounidense de nacimiento, sabe lo que cuesta encontrar el lugar ideal y adaptarse a una nueva cultura; Valerie conoce a fondo el sentimiento de dejar partir a un hijo en busca de sus sueños.
Es así como ambas unieron sus más de ocho años de experiencias en el rubro y fundaron Global Admission Center, una empresa que ayuda a cientos de estudiantes peruanos a encontrar la universidad ideal en el extranjero, con oficinas en la zona de Dasso, San Isidro.
“Existe el mito de que es difícil estudiar en otro país, ya sea porque se considera caro o por las diferencias culturales. Pero la verdad es que hay tantas ofertas universitarias que siempre encontraremos una opción que se ajuste al presupuesto y a los sueños del estudiante. Vale la pena intentarlo, “porque aparte del tema académico, el conocer una nueva cultura, siempre te va a enriquecer”, explica Valerie Schram.

ELEGIR EL LUGAR IDEAL SIN PERDER LA CABEZA

 

Actualmente, Global Admission Center trabaja con más de 800 universidades de todo el mundo. Hay tantas opciones como sueños, pero llegar a ese lugar ideal es el primer paso. Valerie, quien tiene a dos de sus hijos estudiando en Holanda y el Reino Unido, se encarga de orientar a los chicos y a sus familias sobre el proceso. “Nos sentamos con ellos y averiguamos qué están buscando, cuáles son sus sueños y qué esperan lograr con su carrera. Nos cercioramos de que tomen la mejor decisión”, señala Valerie.
Amy, por su parte, se encarga de hacer el contacto con las universidades y ayudar a los chicos en su ingreso. “Yo soy de San Francisco y estudié en una universidad de Nueva York, lo que significaba seis horas en avión de distancia. También vine a estudiar aquí. Sé lo que es estar lejos, compartir habitación con roommates y adaptarse. Además, mi papá es profesor allá y conozco mucho del sistema educativo extranjero”, añade.

El esfuerzo de ambas y del equipo que hoy conforma Global Admission Center ha logrado que más de 400 alumnos peruanos estudien hoy en el extranjero, una comunidad que crece cada día más y que se ayuda mutuamente.

ABRIR LA MENTE

 

Pero, ¿por qué estudiar en el extranjero? Amy lo resume muy bien. “Otros países tienen un abanico de carreras más amplio y mayor flexibilidad. Aquí, en cambio, los chicos deben decidir entre pocas opciones a una corta edad. Cuando yo salí del colegio, por ejemplo, sabía que me gustaba el español, la educación y la literatura, y pude hallar mi carrera ideal debido a la variedad y amé cada curso”, sostiene.
Estudiar en el extranjero también significa más oportunidades laborales y una visión distinta, ser más consciente de las diferencias. 

“Son muchos los chicos que regresan con la visión de hacer cosas increíbles en su propio país”, enfatiza Valerie.

ADIÓS A LA DISTANCIA

 

Valerie lo ha vivido y vive día a día: la distancia. “Obviamente, dejar partir a mi primer hijo fue doloroso, pero gracias a la tecnología me he adaptado muy bien. Nos enviamos mensajes todos los días, nos vemos la cara por el chat. Y cuando ellos vienen y llega ese abrazo que espero, es hermoso. No hay que tener miedo de dejarlos ir”.

Lo mejor para Amy y Valerie son esos pequeños gestos de sus alumnos que prueban la gran utilidad de su trabajo. 

“No sabes lo lindo que es cuando los chicos te comentan que encontraron su primer trabajo, o te mandan fotos, chocolates. Y las mamás te cuentan sus logros. Es nuestra recompensa”, finaliza Valerie.